Proteína vegetal o animal, ¿cuál es mejor?

Proteína vegetal o animal, ¿cuál es mejor? ¿Cuáles son sus diferencias? Esto es lo que tienes que saber.

Es posible que te estés planteando aumentar la dosis de proteínas en tu dieta. La mayoría de personas se lo plantea cuando quieren tener más masa muscular y empiezan un entrenamiento físico. Pero, ¿qué debemos comer, proteína vegetal o animal?

Los alimentos de origen animal como los huevos, la carne y el pescado contienen proteína. Pero también encontramos este nutriente en los vegetales, sobre todo en los frutos secos, los cereales y las legumbres. La primera gran diferencia es la cantidad de proteína.

Los alimentos de origen animal contienen dosis mucho más altas de proteína que los de origen vegetal. Si queremos conseguir dosis altas de proteína en una sola comida, lo más fácil es consumir huevos, carne roja o pescado. Si comemos legumbres, por ejemplo, necesitaremos comer mucho más para obtener la misma cantidad de proteína.

¿Debemos entender entonces que la proteína animal es mucho mejor? No necesariamente. Porque muchos de los alimentos de origen animal se acompañan de grasas saturadas, muy poco recomendables para la salud. Por el contrario, los alimentos vegetales ricos en proteína nos aportan muchos otros nutrientes, como vitaminas o minerales que no están presentes en la carne o el pescado.

En resumen, elegir entre la proteína vegetal o animal no resulta tan sencillo. Lo que debemos hacer es seguir una dieta lo más variada posible, en la que estén presentes siempre las legumbres, los cereales, los huevos y el pesado azul. Sin embargo, lo más saludable es mantener el consumo de carne a raya, especialmente si es roja, la más alta en grasas saturadas.

Y recuerda que un consumo excesivo de proteínas no es saludable. Los expertos recomiendan consumir diariamente unos 0.8 gramos por cada kilo de peso corporal. Consumir menos proteína de la recomendada está relacionado con una pérdida temprana de la masa muscular.

Pero pasarse en la ración diaria de proteínas también tiene sus consecuencias. Está directamente relacionado con la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y con serios problemas en los riñones y el hígado.